Despedida del Embajador, S.E. Philippe Bastelica [fr]

El Embajador, S.E. Philippe Bastelica, pronunció su discurso de despedida en el hotel Sofitel de Montevideo el jueves 5 de abril.

Señor Eduardo Bonomi, ministro del Interior,
Señora María Julia Muñoz, ministra de Educación y cultura,
Señor Enzo Benech, ministro de Ganadería, agricultura y pesca,
Señora Edith Moraes, subsecretaria del ministerio de Educación y cultura,
Señora Ana Olivera, subsecretaria del ministerio de Desarrollo social,
Señor Daniel Martínez, intendente de Montevideo,
General Guido Manini Ríos, comandante en Jefe del Ejército,
Señores embajadores y representantes del Cuerpo diplomático,
Señor Ricardo Ehrlich, presidente del Instituto Pasteur de Montevideo,
Madame Dominique Sanda,
Queridas amigas y amigos,

Ha llegado el momento para mí de despedirme del Uruguay y de todos los amigos que tengo la alegría de haber conocido. Me hubiese gustado mucho haber podido continuar mi misión todavía por un tiempo más, pero no deseo dejarme llevar por la nostalgia y prefiero prestar atención a la suerte que he tenido de conocer este país y de representar al mío.

En estas circunstancias, les agradezco a todos por haber aceptado mi invitación. Es un privilegio para mi poder recibirlos en este hotel SOFITEL en Carrasco que simboliza la excelencia en materia de turismo, la excelencia del Uruguay como destino y la excelencia del savoir-faire francés en la hotelería.

El grupo ACCOR es una de las numerosas empresas francesas que han invertido en el Uruguay, testimoniando así su confianza en este país y su optimismo por su futuro. Me alegro de identificar entre ustedes a numerosos representantes de empresas automotoras, de los cosméticos, de la industria farmacéutica, del sector agroalimentario, de la distribución, de la comunicación y de muchos otros sectores y les agradezco por su contribución activa al auge de las relaciones franco-uruguayas y a la vitalidad económica de este país. Felicito a la Cámara de Comercio francesa de Montevideo, la más antigua cámara francesa en el mundo, fundada en 1882, por su destacado papel y confío en su nuevo directorio para extender aún más la influencia de esta institución.

Esta comunidad de interés, que une a Francia y al Uruguay en materia económica, se sostiene en una base sólida que se creó desde los propios orígenes de la nación uruguaya y que, a partir de allí, no cesó de consolidarse y enriquecerse.

Uruguay y Francia están unidos, en efecto, por lazos de sangre, pero también por lazos del corazón y del espíritu, sin los cuales los primeros significan poco.

El Uruguay y Francia han sido recíprocamente, cada uno en su momento, hospitalarias tierras de acogida para sus ciudadanos obligados a abandonar su patria para escapar primero a la gran pobreza que imperaba, a fines del siglo XIX, en algunas regiones de Francia, y luego, un siglo más tarde, a la dictadura que se instaló en el Uruguay.

Unos y otros fueron bien recibidos y, a cambio, contribuyeron en pro de la riqueza, de la diversidad, de la prosperidad del país que les abría sus puertas. De esa manera, los lazos de sangre se convirtieron también en lazos de corazón.

Estos vínculos del corazón, los percibí más de una vez. Descubriendo el Uruguay al comienzo de mi misión, llegué con una sola imagen en mi mente, que ocupaba desde hacía mucho tiempo un rincón de mi memoria: la imagen de Montevideo de fiesta el día de la Liberación de París en 1944. Y cuántos de ustedes me han contado su recuerdo personal de la visita del General de Gaulle en 1964, bajo una pertinaz lluvia, que tanto marcó las memorias que me parece aun escucharla, a pesar del sol que hoy brilla sobre Carrasco.

Uruguayos y Franceses, cada uno tenemos nuestra identidad. Pero tenemos mucho que compartimos, en lo que se refiere a la cultura y al pensamiento. Nuestra amistad, alimentada por una común latinidad, se forjó a través de la historia y en contra de la geografía que nos distancia.

Países agrícolas profundamente arraigados a nuestra tierra, también estamos unidos por valores comunes: el gusto por la libertad, la solidaridad, la fe en el progreso, el amor por lo bello, la pasión por las ideas y el debate, el compromiso con la paz y la seguridad internacional a través del multilateralismo.

¿Hay que sorprenderse entonces que tantos destinos notables, en las artes o las ciencias, hayan constituido entre nosotros tantos signos de unión, a imagen de Lautréamont, Laforgue y Supervielle? En este marco, la presencia en Montevideo del único instituto Pasteur de América del Sur es un símbolo muy fuerte.

Sea cual sea la riqueza de nuestro pasado común, nuestra responsabilidad es mirar juntos hacia el futuro. Quisiera en este sentido citar solamente dos temas que retuvieron la atención de los presidentes uruguayo y francés durante las visitas que intercambiaron hace dos años.

La enseñanza del francés es uno de ellos. El mes de la francofonía, que acabamos de celebrar, coincidió con la llegada de una experta francesa que va a aportar su capacidad a la ANEP para la formación de nuevos profesores de francés y la difusión de este idioma a través del plan CEIBAL. Su contribución se sumará a la acción de largo plazo que llevan a cabo desde hace 120 el Liceo francés y desde hace casi un siglo la Alliance française. Saludo a todos los actores involucrados y llamo a todos los exalumnos de estas instituciones a apoyar su desarrollo.

Los intercambios de jóvenes es otro tema importante para el porvenir de nuestras relaciones. Estos intercambios ya son frecuentes y fructíferos en el marco de nuestra cooperación científica. Desearía que se intensificaran aun más y se ampliasen a otros sectores de la población.

En este sentido, el acuerdo “vacaciones-trabajo” firmado en 2016 ha comenzado a producir efectos muy positivos. En el año 2017, 70 jóvenes uruguayos recibieron una visa “vacaciones-trabajo” permitiéndoles pasar una estadía de hasta un año en Francia. En los primeros tres meses de 2018, esta cifra ya es de 44 lo que permite esperar que el número de beneficiarios de estas visas de larga estadía llegue a ser más del doble que el año anterior. Hago votos para que estos intercambios se intensifiquen todavía más en el futuro ya que estoy convencido que Uruguay y Francia tienen todo para ganar conociéndose más mutuamente.

Por mi parte, yo puedo dar testimonio. Llegué aquí, es verdad, con una idea positiva. Pero partiré todavía más convencido que el Uruguay es para Francia un socio sólido, amigo, a menudo ejemplar, en definitiva, un socio privilegiado. Al momento de decirles adiós, quisiera también decirles muchas gracias y asegurarles que el Uruguay tiene un amigo más.

publicado el 11/04/2018

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