Visita de Laurent Fabius a América latina

Colombia - Discurso del Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Laurent Fabius en la Universidad del Externado Bogotá, 25 de febrero de 2013

Excelentísima Sra. Ministra,

Sr. Rector,

Señoras y señores Embajadores,

Damas y caballeros,

Estimados estudiantes de la Universidad del Externado:

Ante todo quiero agradecerles muy sinceramente que me reciban en esta célebre Universidad del Externado, que tantos lazos tiene con Francia. Con motivo de mi viaje a su continente, que me ha llevado sucesivamente a Perú, Panamá y Colombia, quiero manifestarles la gran importancia que mi país confiere a sus relaciones con ustedes. No es una casualidad que haya decidido venir a expresarme aquí, en Colombia. Los lazos entre América Latina y Francia están en efecto bien arraigados en la historia, alimentados con valores compartidos y aspiraciones comunes y ¿acaso no hay un mejor lugar para hablar de ello que la Universidad del Externado?

Todos ustedes conocen, acaba de recordarse, el papel esencial que desempeñaron las ideas y los principios provenientes de Francia en la lucha de toda una serie de países y en particular de Colombia para lograr su independencia. A algunos cientos de metros de aquí, la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano fue grabada en la piedra de la “Casa de los Derechos”. No lejos de ahí, el nombre del palacio presidencial - Casa de Nariño - recuerda que está construida en el lugar de nacimiento de Antonio Nariño, quien tradujo al español esta declaración durante la Revolución Francesa y permitió su difusión en todo el continente. Esta traducción le valió por cierto a su héroe nacional largos años en prisión, luego el exilio, y una década más tarde, Miranda, el primero de los Libertadores, desembarcaba en Vela de Coro con una prensa destinada a reproducir la declaración francesa, traducida unos años antes en Bogotá. Y cada uno, incluso yo mismo, conoce y aprecia la pasión de Colombia por el derecho y la influencia del derecho civil así como el derecho constitucional francés en el derecho colombiano.

Si estoy hablando, incluso rápidamente, de estos episodios y estos hechos, es porque son fundadores de su historia moderna y porque son fundadores también de nuestra relación tan particular, caracterizada por un mismo apego a la libertad y la laicidad y a una misma confianza en el progreso. La herencia común de las Luces – ya se citó a Rousseau y a Voltaire – inspiró el movimiento de emancipación que sublevó, al alba del siglo XIX, a toda esta región y cuyo bicentenario celebramos recientemente.

Damas y caballeros, estimados amigos: tenemos referencias comunes y gracias a estas referencias, nuestros países han vivido desde hace mucho tiempo al ritmo de sus intercambios humanos. El Océano Atlántico nunca ha constituido para los viajeros una barrera insuperable, ni para los escritores, ni los pensadores ni los creadores, que desde más de dos siglos han tejido entre nosotros las redes de una amistad sólida. Basta por ejemplo con leer a Mario Vargas Llosa cuando hace referencia a sus años de juventud en París, en donde se descubrió como escritor latino, al lado de una generación excepcional - Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, personalidades eminentes a quienes deseo rendir homenaje.

Y al respecto me gustaría hablar de un recuerdo personal. Durante las ceremonias que marcaron la investidura de François Mitterrand en mayo de 1981, quien fue el primer Presidente francés de izquierda electo por sufragio universal. Y cuando resultó electo, su primer deseo fue que un gran escritor estuviera presente a su lado. Su presencia daba cuenta de la pasión de Francia por la literatura. Pero la decisión no se hizo al azar: era por la literatura latinoamericana y su amistad por los escritores, pero también por esta herencia, por esta cercanía entre nuestras dos naciones. Era Gabriel García Márquez. Y al lado de François Mitterrand y Gabriel García Márquez, se encontraba el venezolano Miguel Otero pero también estaban, y esto tiene un enorme significado, las viudas de Salvador Allende y Pablo Neruda. Me acuerdo muy bien de estos momentos, yo era muy joven, era mi primer puesto de Ministro.

La presencia de estas dos mujeres recordaba también que en las horas más trágicas de la historia, numerosos proscritos de América Latina pudieron encontrar en Francia refugio, apoyo y amistad: esto es verdad para Argentina, para Uruguay, para Guatemala… Esto forma parte de nuestra historia común. Estos proscritos tuvieron descendencia: sus hijos, franco-latino-américanos, contribuyen hoy día a la riqueza de la sociedad francesa. Contamos con al menos dos como diputados franceses, en los escaños de nuestra Asamblea Nacional (el Sr. Sergio Coronado (franco-chileno) y el Sr. Eduardo Rihan-Cypel (franco-brasileño).

Quiero añadir que al lado de esta historia común que nos une, hay también – algo que se conoce menos y, sin embargo, de una evidencia avasalladora – una geografía que compartimos. Francia es también latinoamericana, por sus entidades en las Antillas y en Guyana, las cuales deseamos, cada vez más, que puedan integrarse en su región, en Centroamérica y en América Latina. Francia es, en efecto, el único Estado europeo que posee una frontera terrestre común con países sudamericanos - y no cualquier frontera: 520 kilómetros con Surinam, y lo que poco se conoce: ¡720 kilómetros con Brasil!

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Esta historia y esta geografía que nos acercan son una inmensa ventaja para construir juntos el futuro que deseo tratar ahora. Durante la última década, estamos viendo a una nueva América Latina que está levantando el vuelo. En paz con la democracia y consigo misma, con la fortaleza de su juventud, su creatividad y su apertura al mundo, su continente se afirma como un polo de gran importancia del Siglo XXI. Y digo que el porvenir del mundo se construye y se construirá en gran parte aquí, en América Latina. Y Francia, evidentemente, quiere estar ahí en donde se construye el porvenir.

Ya sin los rigores excesivos de lo que se dio en llamar las políticas de ajuste estructural, más atentos que antes a las aspiraciones de los pueblos por la justicia y el progreso social, sus países se caracterizan desde hace unos años por un crecimiento y un desarrollo espectaculares. Este es el caso, en particular, de los tres países adonde viajé esta semana: Perú, Panamá y Colombia, que gozan de una tasa de crecimiento que podría provocar los celos de Europa. Quiero elogiar en particular los logros en Colombia, que ha emprendido de una manera decidida el camino de las reformas, del respeto de los Derechos Humanos, y esto es esencial.

Estos avances han sido a menudo sostenidos por una nueva generación de dirigentes que han transformado profundamente formas de gobierno más tradicionales. Ellos han velado por hacer este crecimiento, esta vez, inclusivo para que el progreso económico beneficie a toda la sociedad, en particular, a los pueblos autóctonos cuya situación durante mucho tiempo se ha menospreciado. Por supuesto, lo sabemos todos, muchos progresos quedan aún por hacer en el camino del desarrollo compartido y equitativo, pero así se construye en un marco democrático una especie de nuevo modelo de sociedad, cuya evolución observamos con gran interés sobre todo porque puede dar muchas veces el ejemplo al mundo.

En la escena internacional, América Latina se afirma también. Este movimiento, contrariamente a lo que se piensa, no es propiamente nuevo; quiero recordar que de los 50 firmantes de la Carta de las Naciones Unidas en 1945, 20 eran latinoamericanos y caribeños. Pero hoy día, América Latina se ha convertido verdaderamente en un continente emergente, y que tiene una importancia cada vez mayor en el escenario mundial. Tres países de la región - Brasil, México y Argentina – forman parte del G20. Y – pude confirmarlo al entrevistarme con los tres presidentes de las naciones que visité – cada país, independientemente de su tamaño, se interesa ya por los asuntos del mundo y se siente plenamente miembro, y de cierta manera corresponsable, de la comunidad internacional.

La voz de América Latina se eleva en particular por los retos globales, ya se trate del desarrollo sostenible, de los temas relacionados con el desajuste climático, de la gobernanza mundial o de la lucha indispensable contra el tráfico de drogas y la corrupción. Sus países figuran también entre los más comprometidos por los temas de Derechos Humanos. Francia, como lo decía el gran Georges Clémenceau en noviembre de 1918, “será siempre el soldado de lo ideal”. Compartimos esta base común que es la afirmación de la universalidad de los Derechos Humanos. Esta es la razón por la cual nos sentimos tan cercanos, entre latinoamericanos, europeos y franceses.

De la ONU a la OMC, de la OCDE al G20, la voz de América Latina es fuerte: lo confirmé con mi colega, la Ministra de Relaciones Exteriores cuando durante dos años Colombia ocupó un escaño en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No siempre es unívoca: no siempre están ustedes de acuerdo entre ustedes. Hay también, en algunos casos, debates entre ustedes y nosotros. Pero sea lo que fuere, y quiero afirmarlo aquí, Francia ve con mucha confianza la América Latina que emerge y su afirmación en todos los planos, ya se trate de política, economía, cultura. Deseamos ser socios del conjunto de los Estados de América Latina, de igual a igual, mientras que en numerosos ámbitos debemos enfrentar los mismos problemas y afrontar los mismos retos. Deseamos trabajar con ustedes en la construcción de un mundo más seguro, más justo y más solidario, no bipolar o unipolar como el mundo lo fue anteayer o ayer, o desgarrado como hoy, sino un mundo multipolar, como lo deseamos para mañana, en el cual cada polo aportará su contribución a la regulación internacional, al equilibrio y a la paz.

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Si me encuentro hoy día entre ustedes, es para llevar este sencillo mensaje: sí, América Latina constituye una prioridad para nuestra política exterior. Sí, deseamos comprometernos, a largo plazo, en una relación de gran confianza con ustedes.

Al término de mi viaje por su región y de los intercambios que pude sostener con sus Jefes de Estado, sus ministros, dirigentes políticos, representantes de la sociedad civil, empresarios, universitarios, intelectuales y, por supuesto, con los franceses de las Américas, tengo la convicción de que – a nuestro alcance – sí existe una expectativa recíproca. ¿Cómo definir este enfoque? Yo diría que nuestra nueva relación, entre América Latina y Europa, América Latina y Francia, debe ser a la vez continental y de asociación.

Continental porque debemos abarcar la diversidad de América Latina, un conjunto de más de 30 países hoy día reunidos en una misma comunidad, pero cuyas trayectorias, preocupaciones e intereses siguen siendo a menudo diferentes – pluralidad de puntos de vista que nosotros mismos, por cierto también experimentamos en Europa. Francia dentro de América Latina no jerarquiza sus amistades. Deseamos dialogar con los países que así lo desean, desde Brasil y México hasta el más modesto de los Estados, y cooperar con todos los que comparten nuestros valores, independientemente del tamaño de su población o de la cifra de su PIB. Francia no considera, en resumidas cuentas, que habría “pequeños países” en América Latina, y menos aún mirarlos con condescendencia.

Con este ánimo, recientemente retomamos el camino de varias capitales latinoamericanas que sólo habían recibido pocas visitas políticas francesas durante las últimas décadas, en los Andes y en Centroamérica, en el Cono Sur y el Caribe. El Gobierno al cual pertenezco ha decidido hoy día tener una presencia asidua en América Latina.

Nuestro planteamiento es continental, y quiere ser también de asociación. Ante los retos de la mundialización, Europa y América Latina comparten muchas cosas. Todos mis interlocutores, sin excepción, me lo han repetido estos últimos días: nuestra coincidencia de intereses constituye un nuevo activo para el porvenir. Deseo poder apoyarnos en estas aspiraciones y preocupaciones comunes con el fin de trabajar en varios planos, en el plano político, en el plano económico y en el plano cultural y educativo: el fortalecimiento de nuestro diálogo político, la promoción de modelos de desarrollo sostenibles e inclusivos, el desarrollo de nuestros intercambios económicos, la intensificación de nuestros intercambios humanos.

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En el plano político, el fortalecimiento de nuestro diálogo va por muy buen camino. Como lo dije, después de años durante los cuales no estuvimos lo suficientemente presentes, ya comenzamos a fortalecer nuestros contactos. Durante apenas estos nueve últimos meses, el Presidente Hollande y el Primer Ministro Ayrault ya viajaron a América Latina. El Presidente del Senado Francés asistió a la investidura del Presidente recientemente electo en México, el Sr. Peña Nieto, antes de viajar más recientemente a Cuba. Los ministros franceses de Defensa, Justicia, Comercio Exterior, Ultramar, Desarrollo y Economía Solidaria viajaron a Brasil, Ecuador, República Dominicana, Venezuela. Desde hace ahora ya nueve meses, el Presidente francés ha recibido a muy numerosos Jefes de Estado latinoamericanos en París y viajará a esta región, en particular el próximo año, con motivo del quincuagésimo aniversario del famoso viaje que hizo en 1964 el General de Gaulle.

Mi viaje a América Latina forma parte de esta nueva dinámica. No se trata por decirlo así de un “retorno” de Francia en América Latina – nuestro país nunca la ha dejado desde hace dos siglos - sino de la expresión de una voluntad política de nueva asociación así como de una presencia fuerte y nueva.

Nuestro diálogo político podrá prolongarse en las organizaciones regionales. Compartimos lugares en varias de ellas - la OEA, la CEPAL, la AEC o el SICA, por sólo citar algunos de estos acrónimos detrás de los cuales se esconden instituciones activas. Trabajamos en ellas con ustedes en proyectos en materia de defensa de Derechos Humanos, de acción contra las enfermedades infecciosas, de reducción de desigualdades, de prevención de riesgos naturales o de promoción del turismo sostenible. Las entidades francesas de las Américas, interesadas por los resultados concretos de estos trabajos, son candidatas a varias de estas organizaciones. Debemos hacer todavía más hincapié en nuestra presencia y coordinación.

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Nuestra cooperación se enfocará en los retos globales. El mundo en el cual vivimos se caracteriza por numerosas crisis regionales y debe afrontar retos que nos atañen a todos. Ante ellos, los esquemas de ayer, en particular, los que tendían a oponer Sur y Norte, han quedado atrás en gran medida. Los problemas climáticos son obviamente planetarios. La inestabilidad económica o financiera es una amenaza global. Debería también hablar del terrorismo y el tráfico de drogas, que están por todas partes y en donde provocan calamidades devastadoras - en su suelo, en el nuestro o en África. Nosotros, los franceses, estamos confrontados a ellos, como ya se sabe, actualmente en Malí.

Ante estos retos, Francia, como ustedes, lleva un mensaje de solidaridad, justicia y responsabilidad. Fundamentamos nuestro planteamiento en el derecho internacional, nos esforzamos por actuar para lograr una mejor regulación, estamos comprometidos con el desarrollo y defendemos en todas partes la democracia y los Derechos Humanos: debemos encontrarnos, latinoamericanos, colombianos, europeos, franceses, en el conjunto de estas orientaciones.

Quiero insistir en ello: ante los retos que he evocado, nuestro mundo está desgarrado, y se le dificulta aportar las respuestas colectivas que serían necesarias. El Consejo de Seguridad de la ONU, en el cual Francia es uno de los cinco miembros permanentes, pudo actuar - ¡bravo! – por lo que se refiere a Malí, pero ante el drama sirio, con desafortunadamente cerca de 100 000 muertes, es impotente por desgracia. Las negociaciones climáticas no avanzan a la velocidad que los retos requieren. El funcionamiento de la OMC esta como agarrotado. Francia, como Colombia, desea que las instituciones multilaterales puedan desempeñar plenamente su papel.

Porque existe entre nosotros una fuerte cercanía política, Europa, y en primer lugar Francia, y América Latina, con Colombia, deben estar a la vanguardia de este trabajo en común con el fin de proponer los mecanismos de regulación y gobernanza que permitirán responder a estos peligros y a estos retos. Los países de América Latina se apegan profundamente, en general, al sistema de Naciones Unidas, que ustedes contribuyen a administrar – y la prueba fehaciente es su participación en las operaciones de mantenimiento de la paz.

La promoción de los Derechos Humanos es un tema también con respecto al cual se espera la acción de Francia y las democracias de América Latina. Tenemos que alzar una voz común en la escena internacional para promover la universalidad de estos principios. Ayer, Argentina y Francia sostuvieron, juntas, el convenio sobre las personas desaparecidas. Hoy día, América Latina podría apoyar la movilización de Francia para la abolición universal de la pena de muerte. Y tomando en cuenta que desde hace muchos años, Colombia debe afrontar la violencia con respecto al tema de las FARC, deseo, sin injerencia, pero de la manera más precisa posible, rendir homenaje en nombre del Gobierno Francés al planteamiento que el Presidente Juan Manuel Santos ha hecho en favor de la paz. Francia es una potencia de paz y Francia apoya oficialmente su planteamiento y desea que se concrete rápidamente para el bien de todos los colombianos.

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También tenemos mucho que hacer en el plano económico. Europa pasa por dificultades hoy día, pero es la primera potencia económica mundial, y Francia, sola, ocupa el quinto lugar. Nosotros, los europeos, disponemos para reactivar nuestra economía de numerosos ventajas – investigación, tecnologías, innovación, infraestructuras, empresas mundiales – por sólo citar algunas de estas ventajas.

Por lo que se refiere a nuestras relaciones, Europa es el primer socio de América Latina en materia de inversiones. Francia es desde 2010, en flujo – pero no es suficiente – el primer inversionista europeo en esta región. Nuestras grandes empresas están casi todas presentes, y con frecuencia desde principios del siglo XX. En asociación con sus homólogas latinoamericanas, las famosos multilatinas, han contribuido a construir un gran número de sus puertos, sus aeropuertos, sus redes telefónicas, de aducción de agua, de transporte urbano o de producción de electricidad. Dichas empresas proporcionan aviones o tecnologías avanzadas. Ustedes compran cada día los productos alimenticios, los medicamentos, los cosméticos que producen, en almacenes que pertenecen a veces a empresas francesas de la gran distribución. Nuestras empresas tienen la costumbre de asumir su responsabilidad social y de participar en la diversificación necesaria de sus economías, a través de transferencias de tecnología y de conocimientos técnicos que proponemos y asumimos. Aquí mismo, en Colombia, me reuní con varias de ellas, hace algunas horas: más de 100 empresas francesas están presentes, 30 de las 40 mayores empresas francesas, y las perspectivas económicas son prometedoras.

Esta situación positiva es un fundamento para ir todavía más lejos, en particular, en el sentido del desarrollo responsable. Francia está a su lado para promover un crecimiento verde y solidario, a través, en particular, de nuestra agencia especializada en la materia, a la que llamamos Agencia Francesa de Desarrollo. La AFD financia proyectos públicos y empresas privadas que responden a este objetivo de desarrollo sostenible, con frecuencia, en el marco de concertaciones que asocian también a sus bancos de desarrollo nacionales y regionales. La Agencia Francesa de Desarrollo que ya participaba en el Caribe, Colombia y Brasil, va a extender ahora su campo de intervención a nuevos países latinoamericanos.

Y, sin embargo, damas y caballeros, estimados Amigos, al lado de estas inversiones, nuestros intercambios comerciales en el plano económico siguen siendo demasiado bajos. Francia está presente - ¡muy bien! - en lo que solemos llamar los grandes contratos, en particular, en los ámbitos de la defensa y las infraestructuras, y espero que seguirá estando presente en Colombia en el futuro. Pero nuestra parte de comercio común no está a la altura de nuestra relación política y económica. Es una debilidad que debemos reducir. La red de las cámaras de comercio e industria en otras instituciones, como el Instituto de las Américas, que asocia aproximadamente a sesenta universidades e instituciones de enseñanza francesas de prestigio que trabajan en y con su región, pueden todas ellas y muchas otras participar todavía más en este esfuerzo.

De igual forma, algo que es más reciente, deseamos que América Latina esté más presente con sus inversiones en Europa, en particular, en Francia. Después de todo, es la marca de un continente económico maduro: las inversiones deben realizarse en ambos sentidos.

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El último eje de este nuevo enfoque que propongo, es promover los intercambios humanos y de competencias entre América Latina y Francia.

Luego de Estados Unidos y España, Francia es el tercer país en recibir estudiantes latinoamericanos fuera de este continente. Cada año, más de 1 500 jóvenes colombianas y colombianos van estudiar a Francia. Precisamente ha sido en Francia en donde se han formado algunos de los espíritus latinoamericanos más brillantes - y citaré, esperando que no se sonroje, al rector Henao aquí presente, jurista, defensor de los Derechos Humanos, pedagogo y perfecto francófono. Gracias a ejemplos como el suyo, Querido Amigo, Brasil y Perú seleccionaron recientemente a Francia para formar a varios miles de futuros médicos, ingenieros y a profesores latinoamericanos. Y creo que, cuando colombianas o colombianos van a hacer estudios a Francia, no lo lamentan, tal como pude constatar que franceses que han venido a hacer sus estudios aquí, deciden permanecer por gusto o por decisiones familiares.

Cada vez más franceses se instalan en América Latina: en su región, el tamaño de la comunidad francesa creció más de 15% durante estos últimos años. Por lo que se refiere a Colombia, se encuentran instalados cerca ya de 5 000 franceses. Mucho de estos Franceses de las Américas trabajan para empresas francesas; muchos de ellos han venido también a estudiar en sus universidades. Estas – comenzando por el Externado – se encuentran entre los mejores planteles de enseñanza superior del mundo. Los estudiantes franceses que han venido a pasar algunos meses o algunos años en Colombia, no me desmentirán.

La adaptación a esta nueva realidad de la formidable red de cooperación que nos dejaron dos siglos de intercambios humanos y culturales constituye para Francia un reto esencial: en su continente, 275 alianzas francesas están presentes (17 de ellas aquí en Colombia) en donde se forman más por 160 000 estudiantes, con 37 liceos franceses, sin olvidar los numerosos y valerosos institutos de investigación. Esta red francesa que no tiene equivalente desarrolla proyectos innovadores en materia de educación abierta y a distancia o de formaciones digitales. Esta red debe permanecer fuerte, debe seguir sosteniendo la lengua y la cultura francesa que tanto ha contribuido al desarrollo de América Latina. Francofonía, francofilia, Colombia y América Latina saben que el francés no es solamente una lengua sino también una cultura, un conjunto de valores, y es porque nos reencontramos en estos valores que nos gusta tanto practicar la misma lengua.

Esta herramienta cultural es también la defensa de nuestras cooperaciones científicas y universitarias, sostenidas por nuestras principales instituciones de enseñanza superior. En este contexto, programas originales como “Ciencias sin fronteras”, con Brasil, o “Becas Dieciocho”, con Perú, son particularmente prometedores: nosotros, Francia, sólo veríamos ventajas si otros países desean desarrollarlas, quizás mañana Colombia. Nuestros laboratorios de investigación conjuntos merecen también fomentarse: sirven de referencia mundial en el campo de las matemáticas y la informática aplicada, la astrofísica, las ciencias de los materiales y del clima, la biología marina o la salud, e incluso en muchos otros campos del conocimiento. Participamos así, juntos, en el desarrollo de esta sociedad del conocimiento en la cual estará basada la parte fundamental del desarrollo mundial durante las décadas por venir.

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Damas y Caballeros, Queridos Amigos, Quiero terminar con estas palabras.

Estamos en una región, en un país en donde el oro reviste históricamente una importancia particular: basta para darse cuenta de ello con visitar el magnífico Museo “del Oro”. Pues bien, considero que se puede hablar de un verdadero triángulo de oro de la relación entre América Latina y Francia, uno de cuyos lados se llama política y diplomacia, otro economía y el tercero educación y cultura. Queremos y podemos fortalecer cada uno de los tres lados de este triángulo de oro.

Lo que he venido a decirles el día de hoy, en nombre de Francia, es finalmente algo sencillo: tenemos la firme voluntad de ser para ustedes y con ustedes un socio de primer plano, en la fidelidad a los principios en los cuales se fundamenta nuestra amistad común. De manera espontánea, los franceses aman a América Latina y de manera espontánea, los pueblos de América Latina, y entre ellos los colombianos, aman a Francia.

No olvidemos por ejemplo que, como lo cantaba Carlos Gardel, este poeta que Francia prestó a Argentina «On revient toujours à son premier amour », “Siempre se vuelve al primer amor”. Ahora bien nuestro primer amor nos lleva, a nosotros los franceses hacia América Latina y pienso que a América Latina la lleva hacia Francia.

Lo repito terminando: sabemos que aquí, en América Latina, se construye una gran parte del porvenir del mundo y queremos estar a su lado para construir este porvenir.

¡Viva Colombia! ¡Viva América Latina! Y viva la amistad entre Colombia y Francia !. /.

publicado el 05/12/2018

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