XX Conferencia de Embajadores. Discurso de Presidente de la República

XX Conferencia de Embajadores

Discurso de Presidente de la República, Sr. François Hollande

París, 27 de agosto de 2012

Sr. Primer Ministro,

Sr. Presidente del Senado,

Sr. Presidente de la Asamblea Nacional,

Señoras y Señores Ministros,

Sr. Comisario Europeo,

Señoras y Señores Parlamentarios,

Señoras y Señores Embajadores,

Damas y caballeros:

Me dirijo a ustedes por primera vez desde mi elección, con motivo de esta Conferencia de Embajadores, que se ha convertido en algo más que un rito, una tradición, una cita. Y porque conozco el papel el papel que desempeñan ustedes en la definición y en la puesta en marcha de nuestra diplomacia, tengo la intención de exponerles los principios que guían la política extranjera de Francia – cuya responsabilidad he confiado a Laurent Fabius – y las respuestas que aporto a los grandes temas del periodo.

Lo que caracteriza, según mi percepción, el mundo tal como es hoy día, es su inestabilidad: un orden antiguo ha desaparecido, pero ningún otro ha surgido todavía. Potencias nuevas se afirmaron, con la fuerza de su población, de su economía, pero siguen estando reticentes a ocupar todo el lugar que les corresponde y asumir todas sus responsabilidades. Los bloques desaparecieron desde hace mucho tiempo, pero nuevos conjuntos se buscan, basados en la geografía, los intereses, las cercanías culturales, pero sin coherencia entre ellos.

Nuevas amenazas se han acumulado: el terrorismo, que no ha desaparecido y que incluso ha ganado terrenos como es el caso en África; la droga, que se ha convertido en la plaga mayor de la década por venir; las grandes pandemias, que se propagan ignorando fronteras; el desvío de nuevas tecnologías de la información que pueden dar lo mejor, pero también lo peor con respecto a las libertades individuales.

Pero la inestabilidad, es también económica y financiera. La crisis afecta ya a todos los países, incluso los emergentes, que parecían invulnerables, y debilita todavía más a los más pobres. La regulación internacional, tan proclamada desde hace tantos años, revela sus insuficiencias ante los excesos de la finanza. El crecimiento del comercio mundial se desacelera y vemos resurgir prácticas proteccionistas peligrosas.

Los precios de las materias primas se caracterizan por una volatilidad que ya no obedece simplemente a causas naturales – las hay – sino a movimientos especulativos: los mercados agrícolas se han convertido en mercados financieros. Las consideraciones geopolíticas son más importantes que nunca en la determinación del precio de los combustibles. Lo confirmamos hoy día a costa del crecimiento mundial y del poder de compra de los hogares.

A la inestabilidad se añade la incertidumbre: la que pesa sobre el medio ambiente, sobre el clima, sobre la biodiversidad. Y estamos de acuerdo, ahí también, que después del fracaso de Copenhague, la última Cumbre de Río sobre del desarrollo sustentable mostró que la movilización de los Estados sigue estando muy por debajo de las expectativas.

Pero lo más grave de las incertidumbres se debe al riesgo de la proliferación nuclear y a sus consecuencias, y también a los miedos legítimos que una proliferación de esta naturaleza puede inspirar y a las reacciones preventivas que puede provocar, amenazando directamente la paz. La incertidumbre es también la permanencia de los conflictos, cuya solución se difiere día a día como en el Cercano Oriente.

Es cierto también que el mundo es portador de esperanza: por la vitalidad de los pueblos, su aspiración democrática, las exigencias de una buena gobernanza y la capacidad de innovación que siempre encuentran los seres humanos. Hay líneas que se mueven y dictadores que caen. En este aspecto, el mundo evoluciona en un sentido de progreso.

Este es todo el reto de las Primaveras árabes, a partir del momento en que las formaciones políticas que se reclaman del Islam se comprometen a garantizar las libertades, en particular, las de las mujeres; a respetar la alternancia, a proteger a las minorías, ya sean culturales o religiosas. Les corresponde, a estos países que se encuentran esforzándose en su transición, demostrarlo y a nosotros alentar el movimiento, sin desconfianza, pero vigilantes.

En este mundo instable, inseguro, pero también nuevo, me toca determinar el lugar de Francia: lo que debe hacer y sobre todo lo que puede hacer.

Partiré de lo que hace nuestra identidad histórica, geográfica, política, la que nos permite ser escuchados, aguardados, esperados y sobre todo útiles

Partiré entonces de nuestros valores universales, con los que Francia iluminó el mundo y que deben seguir determinando su acción internacional. Estos valores son los de los Derechos Humanos, la democracia, la justicia internacional, la laicidad, la igualdad entre las mujeres y los hombres.

Al defender estos valores en todas partes del mundo, Francia enarbola una concepción de las relaciones con los Estados y da fe de una confianza en las sociedades. Cuando Francia duda o permanece en silencio, retrocede. Por ello, estamos sirviendo a nuestros propios intereses, cuando afirmamos nuestro apego por la democracia, por la lucha contra la corrupción y por el respeto al derecho.

Francia es un puente entre las naciones, incluyendo las emergentes, entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y el Occidente. Nuestro país es un actor y un mediador del diálogo entre las civilizaciones.

Y es su independencia lo que la hace valiosa al mundo.

Francia es una potencia mundial, somos uno de los pocos países que dispone todavía de una muy amplia gama de acciones, dotado con una capacidad nuclear; un país constantemente implicado en la vida internacional por su responsabilidad de miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Basamos nuestro accionar en el derecho, en el marco del largo movimiento de la organización de la sociedad internacional. Quiero, en nombre de Francia, seguir haciendo de la Organización de las Naciones Unidas la instancia central de la gobernanza mundial para preservar la paz, y también para proteger a las poblaciones. Una organización capaz de dictar sanciones y de hacer que se apliquen, recurriendo a la justicia internacional contra los dictadores y los más graves crímenes.

Nos encontramos dentro del marco de la legalidad internacional y confirmo aquí que nuestro país sólo participa en operaciones de mantenimiento de la paz o de protección de las poblaciones en virtud de un mandato y en consecuencia de una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Es necesario todavía – es la pregunta que se plantea aún hoy día – que los miembros del Consejo de Seguridad asuman sus responsabilidades para permitirle tomar decisiones, pues el bloqueo del sistema lleva ya sea a evadirlo, o a su impotencia. Por ello digo a Rusia y a China que en la crisis siria su actitud debilita nuestra capacidad para cumplir con el mandato que la Carta de las Naciones Unidas nos ha confiado.

Deseo hacer que avance la reforma del Consejo de Seguridad para permitir a nuevos miembros permanentes, así como no permanentes, que ocupen un escaño dentro de este Consejo.

De la misma manera, el sistema de Naciones Unidas debe ampliarse a nuevos retos como el reto ecológico: por ello abogué en Río por la creación de una Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente con sede en África. Y ésta será la posición de Francia.

Bajo mi Presidencia, tengo entonces la intención de que nuestro país enarbole la exigencia de una mejor gobernanza mundial. La crisis financiera, económica, mostró los límites de las instituciones actuales. El G-20, que había permitido responder en la urgencia a la crisis bancaria, debe reflexionar nuevamente sobre su papel, pues estamos muy lejos de la regulación financiera indispensable.

Muchos países, además, ni siquiera han puesto en marcha las decisiones sobre las normas cautelares que fueron decididas, no obstante, en 2008, cuando que Francia y Europa adoptaron estos principios, con el riesgo de reducir la distribución del crédito. De igual forma, se emprendió la lucha contra los paraísos fiscales, pero todavía de forma demasiado tímida: y los países que los albergan deberán ser sancionados de manera más severa.

Por lo que se refiere a la ambición, mil de veces recordada, de adoptar impuestos sobre las transacciones financieras, ésta se topa con fuertes resistencias. Por ello decidí avanzar en el marco europeo de una cooperación reforzada, en particular, con Alemania. Es un logro del Consejo Europeo del 28 de junio: este impuesto se definirá y se aplicará a principios de 2013. Francia seguirá abogando para que se adopte a nivel internacional, con la asignación de una parte de sus ingresos para el desarrollo y para la lucha contra el Sida.

La reglamentación vale, por otra parte, en todos los mercados y la volatilidad del mercado de los cereales actualmente, a raíz de la sequía que prevalece, en particular en América, justifica que el G20 pueda rápidamente ocuparse de este tema y se le confiera un poder de decisión. Le he pedido al Ministro de Agricultura que se movilice rápidamente al respecto.

Finalmente, cuando menciono nuestra identidad, cuando hablo de nuestros valores, de nuestro lugar en el mundo, de nuestro compromiso en pro del derecho, no olvido tampoco la ventaja que representa nuestra lengua y nuestra cultura. La lengua, es una manera de pensar y también de actuar. Es una batalla por la pluralidad y la diversidad. Es la razón que explica la presencia de una Ministra, la Sra. Yamina Benguigui, para defender el lugar del francés a través del mundo. Les pido señoras y señores embajadores, en su accionar de todos los días, que nunca olviden la promoción de la lengua, de la creación francesa: es la afirmación de una visión del mundo que permite a todas las culturas ocupar su lugar en el mundo.

Estos son los fundamentos de la política extranjera a partir de la cual Francia debe actuar.

Lo hará con sus propias fuerzas, con su singularidad, con sus ventajas, con su resplandor. Pero no lo logrará sola. Lo hará con sus socios europeos y también con sus aliados, y en particular con Estados Unidos.

Este es el sentido de mi compromiso a la cabeza de nuestro país, un país plenamente europeo.

Europa es una fuerza que a menudo se ignora. Es, lo recuerdo, la primera potencia económica del mundo. Velaré por que sea más activa y sobre todo vigilante en cuanto al respeto de las reglas comerciales, a la reciprocidad de los intercambios y a la apertura de las licitaciones públicas en todas partes.

Nosotros europeos, debemos también fortalecer nuestras posiciones sobre los temas internacionales principales y evitar la dispersión o la búsqueda de intereses puramente nacionales. En materia de defensa, debemos también asumir nuestras responsabilidades. Decidí profundizar todavía más la cooperación en materia de defensa con el Reino Unido y la inscribimos en el fortalecimiento de las capacidades europeas. Otros grandes socios, en particular alemanes, comparten las mismas necesidades. Las conclusiones del nuevo Libro Blanco sobre la defensa y la seguridad nacional, que se ha confiado al Sr. Jean-Marie Guehenno, se inscribirán en la perspectiva de la Europa de la defensa, en el marco de nuestras alianzas.

Alianza, sí, tenemos una con Estados Unidos de América y esta relación hoy día está marcada por la confianza. He podido constatar, con el Presidente Obama, la importancia de nuestros puntos de vista sobre los grandes temas internacionales, sobre la crisis económica, sobre el imperativo del crecimiento. Deseo que la calidad de la relación entre Francia y Estados Unidos se prolongue todavía más estos próximos años.

Con motivo de la Cumbre de Chicago, recordé el compromiso de Francia en la Alianza Atlántica. Lo cual no me impidió, con los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa, expresar mis reservas o plantear condiciones, en particular, sobre la defensa antimisiles. Por cierto, pedí a Hubert Vedrine hacer un balance de lo que la reintegración en el Comando militar integrado ha aportado realmente a nuestros objetivos y a la Europa de la Defensa.

Pero Francia tiene objetivos propios, que corresponden a su situación, a su papel e incluso a sus intereses.

En primer lugar, Francia mantiene desde hace tiempo una ambición por el Mediterráneo, para que sea un espacio de cooperación y no de tensión. Los intercambios económicos que deben multiplicarse deben enriquecerse con los intercambios humanos. Las preocupaciones de seguridad deben siempre ir a la par de una exigencia de dignidad. Las ideas también deben circular: es necesario en un contexto en el cual los países árabes del Mediterráneo se abren y se comprometen en un cambio político. Quiero que tomemos en cuenta estas realidades: hay retrasos que cuestan. Pero Francia nunca dejará de recordar que el respeto por la oposición, la libertad de la prensa, los derechos de las minorías, la capacidad de cada uno para participar en la vida pública, independientemente de sus opiniones políticas o religiosas, son para Francia todos ellos principios esenciales.

Mi prioridad es desarrollar lo que llamo un “Mediterráneo de proyectos”, y a tal efecto que pedí al Gobierno nombrar a un delegado interministerial para el Mediterráneo. Quiero que las competencias del Secretariado de la Unión para el Mediterráneo se utilicen mejor, con el compromiso de la Unión Europea y en particular de la Comisión: debemos hacerlo con Europa. La Asociación de Deauville, que es una buena iniciativa, puede permitirnos apoyar lo mejor posible el desarrollo de los países en transición política. Confiero, finalmente, una atención muy particular a la cooperación con los países del Magreb, incluyendo lo que se ha dado en llamar el Grupo 5+5, y que deberá permitir relanzar el diálogo.

Hay, entre las dos orillas del Mediterráneo, numerosas complementariedades. De esta manera pragmática, podemos así contemplar un control eficaz de la inmigración, mejorar los intercambios profesionales y universitarios, ayudar a la administración pública de estos países a modernizarse y luego alentar los intercambios entre los medios de negocios.

Con África, quiero establecer un nuevo orden. Francia mantendrá sus compromisos con respecto a este continente lleno de promesas. Todas las potencias se encuentran en él e intentan desarrollar su influencia, y los propios Africanos no desean que Francia retire su compromiso. Pero nuestra política debe ser diferente del pasado. Debe estar basada en la transparencia en nuestras relaciones comerciales y económicas. Debe estar basada en la vigilancia en la aplicación de reglas democráticas y en el cumplimiento también de las decisiones soberanas. Nuestra visión de África debe reflejar lo que es ella hoy día, es decir, un continente caracterizado por un fuerte crecimiento, que lo sabe y que ya no soporta el discurso lloroso con respecto a ella. Un continente en dónde la democracia progresa, en dónde el medio ambiente y la energía son ambos temas esenciales. Un continente con el cual tenemos una cercanía histórica, cultural, lingüística excepcional. En 2050, 80% de los francófonos serán africanos, 700 millones de mujeres y hombres. Todos los aquí presentes comprendemos el reto que esto significa.

Dentro de algunas semanas participaré en la Cumbre de la Francofonía en Kinshasa, en donde reafirmaré que la Francofonía no es solamente una lengua que se comparte, sino también una comunidad de principios e ideales, y recordar esto constantemente es necesario, en particular, en la República Democrática del Congo. Pero no solamente allí. Me entrevistaré con la oposición política, los militantes asociativos, la sociedad civil: éste el sentido de la nueva política africana de Francia. Decir todo en todas partes y procurar que lo que se diga se haga. Esta política se expondrá con claridad.

Francia debe tomar más en cuenta el surgimiento de un mundo multipolar que por cierto ha reclamado muchas veces. Los cinco países que componen lo que se ha dado en llamar los BRIC representan 40% de la población del mundo, más del 30% del PIB. Una razón de más para tener las ideas claras sobre las relaciones que tenemos la intención de mantener con estas nuevas potencias.

Con China, cuya importancia es esencial y no solamente en el plano económico, quiero establecer una relación franca en todos los temas incluyendo los de carácter político, incluyendo los más sensibles y también los temas comerciales y monetarios. Al respecto, el desequilibrio de nuestras relaciones económicas es un reto que se debe superar y por lo mismo una ocasión de oportunidades. Hay un inmenso potencial y el Estado – éste es el reto también de esta Conferencia de Embajadores – deberá asumir todo el peso que le corresponde para ayudar a las empresas a actuar pero también para decir a los chinos que queremos trabajar siempre sobre la base de la reciprocidad y en particular con respecto a las licitaciones.

Con la India, la asociación estratégica que nos une, se caracterizará por avances mayores: en todo caso así lo espero. Esta asociación refleja la calidad de nuestros lazos y el compromiso que debemos asumir con el segundo país más poblado del planeta.

Con Rusia, Francia conserva un lazo histórico, singular, económico también, cultural y debemos basarnos en esta relación para clarificar también lo que tenemos que decir a Rusia, sobre todo que le corresponderá presidir el G20 a partir del final de este año. Debemos buscar juntos soluciones a las crisis internacionales sin esconder tampoco los desacuerdos, en particular, en materia de derechos humanos. Más vale expresarlos que mirarlos de lejos.

Con Brasil que se afirma día con día un poco más como una potencia activa, deseo que fortalezcamos también los intercambios: recibiré a la Presidente de Brasil en Francia antes de fin de año.

Finalmente considero que Japón, tercera potencia económica del mundo, gran socio de Francia, no ha recibido la atención que merecía estos últimos años y yo mismo me voy a esforzar para corregir esta situación.

Pero de una manera más general, mi convicción queda clara: Francia pesará en el porvenir del mundo fortaleciendo sus lazos con los países emergentes, de América Latina, Asia, Oceanía, África, el Golfo Arabo-Pérsico.

Y más cerca de nosotros con Turquía, que se caracteriza por tener un éxito económico innegable, que quiere vincularse a Europa y por ello Francia tendrá una relación estable y de confianza con este país, sin ignorar y sin ocultar los temas difíciles.

Sólo trabajando en la integración de todos los países en el juego mundial – es la responsabilidad de Francia – evitaremos la marginalización de ciertas poblaciones que no logran a salir de la pobreza. Se trata de una de las misiones asignadas a nuestra política de desarrollo y que conduce el Ministro Pascal Canfin. El número de países menos avanzados no ha disminuido en estos últimos años. Deseo que nuestra política de desarrollo pueda debatirse ampliamente y que nuestros compromisos puedan inscribirse en el tiempo. No se trata solamente de un reto de solidaridad, sino de un reto de seguridad con respecto a cierto número de amenazas.

Y entre estas amenazas, la progresión de la producción y el tráfico de drogas se ha convertido, ya lo he dicho, en una plaga considerable, desestabilizando ciertos Estados, o incluso regiones enteras, debilitando sociedades incluyendo la nuestra y manteniendo el tráfico de armas y a veces el terrorismo. Por ello propondré a nuestros socios del G8 y de las Naciones Unidas emprender una estrategia mundial para luchar de manera más eficaz, que la actual, contra la plaga que representa la droga.

Pero más allá de estas orientaciones, quiero tratar sin demora los temas más candentes.

El primer reto, es la crisis que afecta Europa; demasiados años de imprevisión multiplicaron las deudas, debilitado nuestra industria, sacudiendo la cohesión social. También Europa tiene su parte de responsabilidad: no nos protegió lo que esperábamos. La desconfianza se expande en beneficio de populismos y el riesgo es que la austeridad venga a sumarse al cuestionamiento de las políticas europeas.

Por ello decidí inmediatamente después de mi elección, reorientar Europa. Contribuí con otros a la adopción de un pacto de crecimiento, cuyas medidas deben ponerse en aplicación rápidamente. Francia, a través de la voz de Bernard Cazeneuve, presentará rápidamente propuestas para ampliar estas políticas, para dar la prioridad a la innovación y a las inversiones, para defender la producción en Europa y tengo confianza en la Comisión Europea, aquí representada, para procurar que no perdamos tiempo en poner en marcha estas decisiones y gastar los fondos que ya se han previsto: 120 000 millones de euros. Mi objetivo – no soy el único en perseguirlo – consiste también en poner un término a las dudas que mantiene la especulación. Es el sentido del Consejo Europeo y de las decisiones que se tomaron el pasado 29 de junio. Existe un acuerdo para que el mecanismo europeo de estabilidad, en cooperación con el Banco Central Europeo, pueda intervenir para reducir las tasas de interés de las deudas soberanas cuando se vuelvan prohibitivos. Pero es necesario todavía esperar que el mecanismo europeo de estabilidad se encuentre finalmente en capacidad de actuar. El Tribunal de Karlsruhe dará la respuesta. Y durante ese tiempo, existe todavía el fondo europeo, FESF. Entonces los mecanismos existen, deben ponerse en marcha y si deben mejorarse todavía, el Banco Central contribuye a ello, considero que ha llegado el momento para que los dispositivos a la disposición de los Estados puedan utilizarse si es que se piden que se usen estos dispositivos. A finales del mes de septiembre, se debe poner todo en marcha y el Consejo Europeo del 18 de octubre deberá ratificar las decisiones para que antes de fin de año, el Banco Central Europeo encuentre también un compromiso sobre la unión bancaria y la supervisión a escala europea, que deseo.

Es en este marco reequilibrado que se inscribe el tratado presupuestario que se someterá al Parlamento desde principios del mes de octubre.

Quiero destacarlo con fuerza: Francia está definitivamente resuelta a actuar por Europa y para preservar el euro. El euro es irreversible pues se trata de un compromiso fundamental. Su defensa no se resume, no se reduce a un simple cálculo financiero, no: es la condición de la gobernanza económica.

Esta defensa es también lo que justifica la unión política. Así pues Grecia forma parte de esta comunidad política y la voluntad de Francia es que permanezca en la zona euro. Este país debe por supuesto tomar medidas – se lo recordé al Primer Ministro griego cuando vino el pasado sábado – y debe demostrar su credibilidad. Pero Europa debe comprender igualmente que los Griegos también aceptaron realizar esfuerzos desde hace varios años y en consecuencia todos deben hacer su deber, las disciplinas deben respetarse, la credibilidad debe mostrarse. Pero debemos también apoyar el crecimiento en este país.

De una manera general, propuse que la Unión avance en torno a la idea de una integración solidaria la cual permita que en cada etapa nuevos mecanismos se vean apoyados por avances democráticos. Se trata de la unión política. Estoy dispuesto a responder a las propuestas que ya se presentaron. Podemos abrir este debate inmediatamente con los europeos y en primer lugar con Alemania. La hoja de ruta para profundizar la unión económica y monetaria – que vamos a discutir para antes de fin de año, ya es un primer paso en este planteamiento.

Pero quiero también hacer propuestas. El papel de EUROGRUPO y su Presidente – y consulté al Ministro de Economía y Hacienda – debe fortalecerse. Propongo también que los Jefes de Estado y de Gobierno se reúnan con mucha más regularidad cuando se trate de la zona euro, es decir los Jefes de Estado y de Gobierno de la zona euro, y no solamente dos veces al año como se nos había dicho que era la prueba de la gobernanza económica. No. Si pensamos que hay una moneda que debemos defender, una economía que organizar, políticas de crecimiento que aplicar, entonces el Consejo de la Zona Euro debe reunirse con mayor regularidad.

Esta profundización debe también permitirnos establecer instrumentos de solidaridad. A largo plazo, pienso que la unión presupuestaria deberá evolucionar hacia una mutualización de las deudas, en las mejores condiciones posibles para cada uno, de tal modo que se regulen las existencias de deudas existentes y también pedir prestado para el futuro. Será un elemento de debate. Finalmente, la integración debe permitir avanzar hacia la armonización fiscal y la convergencia social y ambiental.

En cada etapa, Francia velará por garantizar el control democrático de estas decisiones y estos mecanismos. Al respecto, la Conferencia que permite reunir parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo es una buena iniciativa.

Estoy consciente de que este planteamiento no podrá reunir de golpe a los 27, pronto los 28 Estados; entonces cambiemos de método. Los que desean comprometerse más rápidamente, deben poder hacerlo sin que eso signifique la exclusión de los otros. Algunos tienen contemplado incorporarse al euro: son bienvenidos; otros no: debemos considerarlos como tales, en esta posición de estar al lado. Estoy a favor de la puesta en marcha de cooperaciones fortalecidas que permitan avanzar más rápido con aquellos que deciden comprometerse.

En esta reorientación de Europa, la relación franco-alemana es por supuesto fundamental. El 50 aniversario del Tratado del Elíseo ofrece la oportunidad de dar un nuevo impulso. Esta amistad es real: no necesita demostrarse. Esta amistad debe prolongarse. No es exclusiva. Es la vocación de Francia de discutir con cada uno de sus socios, todos necesarios para la vitalidad de Europa, y con las instituciones europeas, que pueden ser llevadas, hoy más que nunca, a desempeñar el papel que les corresponde. Esto es lo que quería decir sobre Europa. Mostrar que para nosotros ella es a la vez tema de preocupación porque su crecimiento es bajo, cuando no inexistente, y al mismo tiempo un tema de esperanza y movilización.

El segundo desafío es la crisis siria.

El principio es sencillo: Bachar Al-Assad debe irse. No hay solución política con él. Constituye una amenaza, pues sigue con una violencia inaudita masacrando a la población, destruyendo ciudades y causando la muerte de mujeres y niños: tenemos incluso la prueba de ello en estos últimos días. Es insoportable para la conciencia humana, inaceptable para la seguridad y la estabilidad de la región. Se debería iniciar un proceso en la Corte Penal Internacional para que los responsables de estas ignominias pudiesen llegar a ser juzgadas.

Quiero dejar las cosas bien en claro: Francia asume todas sus responsabilidades y no escatima ningún esfuerzo para que el pueblo sirio obtenga su libertad y su seguridad.

Para lograrlo, debemos superar obstáculos en el Consejo de Seguridad: el Ministro de Asuntos Exteriores está trabajando en ello. Regresaremos al Consejo en su momento ya que la crisis siria es peligrosa para todo el mundo y en primer lugar para los vecinos de Siria. Mantendremos tanto como sea necesario el trabajo de presión y convicción en el Consejo de Seguridad para lograr un consenso de la comunidad internacional. Pero en lo inmediato, es preciso actuar.

En primer lugar intensificar los esfuerzos para que la transición política se lleve a cabo lo más pronto posible. En este sentido, Francia pide a la oposición siria constituir un Gobierno provisional, incluyente y representativo, que pueda convertirse en el representante legítimo de la nueva Siria. Incitamos a nuestros socios árabes a acelerar este planteamiento y Francia reconocerá al Gobierno provisional de la nueva Siria cuando haya sido constituido.

Posteriormente y sin esperar, aportamos un apoyo firme a los que trabajan in situ por una Siria libre, democrática que garantice la seguridad de todas sus comunidades. Ayudamos, en particular, a aquellos que organizan las zonas liberadas en los territorios sirios. Es la iniciativa de las zonas tampón propuestas por Turquía sobre las cuales trabajamos. Lo hacemos en concertación con nuestros socios más cercanos. Finalmente, y lo digo con la solemnidad que amerita, estamos muy al pendiente con nuestros aliados para prevenir el uso de armas químicas por el régimen, lo cual sería para la comunidad internacional una causa legítima de intervención directa.

Estoy consciente de la dificultad de la tarea y de los riesgos, pero lo que está en juego sobrepasa Siria, pues concierne toda la seguridad del Medio Oriente y en particular la independencia y la estabilidad de Líbano.

La misma exigencia de seguridad colectiva inspira mi actitud ante la crisis iraní.

El programa nuclear iraní, sin finalidad civil creíble, constituye una amenaza para todos los países de la región. Y es algo todavía más inaceptable pues se trata del hecho de un régimen que hace regularmente declaraciones, incluso renovadas estos últimos días, haciendo un llamado directo a la destrucción del Estado de Israel.

La posición de Francia es clara: sería inaceptable que Irán llegue a tener el arma nuclear. Y este país debe ajustarse a sus obligaciones internacionales de acuerdo con el TNP y también de acuerdo con las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad y el OIEA. La voz del diálogo sigue estando abierta pues nuestro objetivo es una solución diplomática de la crisis; pero mientras Irán no responda a todas las interrogantes pendientes y no se ajuste a la legalidad internacional, es responsabilidad de Francia acentuar todavía las sanciones en contra del régimen de Teherán.

Es en este contexto que debemos actuar también por la paz en Medio Oriente.

Francia considera – y no es una nueva posición – que la Resolución del conflicto israelo-palestino sigue siendo la clave de la estabilidad en Cercano Oriente y sólo puede lograrse reconociendo a los Palestinos el derecho a la autodeterminación y garantizando a Israel su seguridad. Una solución duradera del conflicto israelo-palestino implica una paz negociada en todos los temas. Por lo pronto, recomiendo a las autoridades israelíes retomar el camino de la negociación tomando en cuenta que los palestinos han suprimido buen número de sus condiciones.

Estoy consciente de la situación peligrosa en Sinaí. Tengo confianza en que Egipto y su nuevo presidente, resultado de una decisión democrática, van a desempeñar todo el papel que debe corresponderles en la región, al servicio de la paz, pero respetando sus compromisos internacionales.

Hay otro tema que me preocupa profundamente: el Sahel.

En la parte septentrional de Malí se ha constituido una entidad terrorista asumida y reivindicada como tal, que lanza un reto a nuestros intereses, a nuestros valores, a nuestra población. A este reto responderemos. La crisis de Mali es el reflejo o el resultado del debilitamiento del Estado desde hace varios años y también de los errores cometidos al final de la crisis Libia, con armas que se volvieron incontrolables. Hoy día los grupos terroristas y fundamentalistas ocupan el norte de Mali, pero quieren extender su acción a escala de África Occidental.

Francia se encuentra directamente concernida al respecto: no en las formas que pudimos conocer pero, en todo caso, tendremos que actuar, y no por medio de las intervenciones de ayer – esos tiempos ya pasaron. Nuestro papel consiste en apoyar a nuestros socios africanos: son ellos quienes deben asumir la iniciativa, la decisión, la responsabilidad, y las organizaciones regionales, en las acciones que deseen llevara a cabo. Pero nuestra misión será en ese momento apoyar su acción en el marco de las Naciones Unidas y de lo que decidirá el Consejo de Seguridad.

Hemos trabajado con Laurent Fabius para que los habitantes de Malí vuelvan a tener un Gobierno estable, y emprendan un trabajo de reconciliación; se hicieron algunos llamados para contemplar una intervención en el marco del CEDAO, de la Unión Africana; Francia y todos los países que desean poner fin a esta crisis deberán apoyar logísticamente esta intervención si se llega a organizar y si se pone en marcha en el marco de la legalidad internacional.

Finalmente, el último tema que quería evocar ante ustedes, es el retiro de las fuerzas francesas de Afganistán. Fue un compromiso que asumí y se aplica en conformidad con la decisión que adopté al día siguiente de mi elección.

Para antes de finales del año, el ejército afgano va a tomar posesión de las zonas aún protegidas por nuestro ejército. 650 de nuestros soldados ya regresaron. Dos mil lo harán antes de finales de 2012. Y todo eso se hace en concordancia con nuestros aliados, quienes también se encuentran en un proceso de retirada similar. Agradezco a los ministros, al Ministro de Defensa y al Ministro de Asuntos Exteriores que apliquen, como se acordó, estas decisiones sin riesgo de ninguna especie para nuestros soldados.

Francia seguirá estando presente en Afganistán pero bajo formas diferentes. Conservaremos formadores para apoyar a los mandos del ejército, de la policía; conservaremos sobre todo una presencia civil para proseguir nuestra cooperación, en particular, en los ámbitos de educación, salud, emancipación de las mujeres. Es el sentido del Tratado de Amistad que se firmó entre nuestros dos Gobiernos y que ha sido ratificado por el Parlamento. Es así como acompañaremos al pueblo afgano. Es así como daremos curso lógico a este compromiso. Y es así como honraremos la memoria de nuestros 88 soldados muertos en Afganistán.

Señoras y señores Embajadores:

Para conducir la política exterior de Francia que acabo de presentar, necesitamos disponer de una herramienta diplomática de calidad; iba a decir de gran calidad. Este es el caso: 163 embajadas, 15 000 miembros del personal, lo cual no impedirá evoluciones, modernizaciones, adaptaciones, pero he podido constatar estos últimos meses su profesionalismo, su dedicación y la convicción que imprimen para defender en cualesquier circunstancia y en todos los foros los intereses de Francia. Quiero rendir aquí en particular un homenaje a los agentes del Ministerio que, en los países más expuestos, hacen que vivan las ideas de nuestro país, la presencia de Francia a veces con riesgo de sus vidas. Vaya para todos ellos un agradecimiento.

Francia dispone también de una gran red cultural; debemos todavía hacer que evolucione, ampliar el público concernido, pero al mismo tiempo, presto especial atención a la permanencia de esta red. De la misma forma, para los planteles escolares en el extranjero, he querido retomar la cuestión del pago de colegiaturas pues tal como se había previsto anteriormente, daba lugar a injusticias y dificultades de acceso. Pero debemos encontrar la mejor fórmula para que los franceses en el extranjero tengan la seguridad de disponer de planteles de calidad.

Debemos también solucionar pronto el tema de nuestro audiovisual público exterior: se hará.

Finalmente quiero hacer hincapié en un punto: la diplomacia, es por supuesto el Estado, el Presidente de la República, el Gobierno con su propia responsabilidad, el Ministro de Asuntos Exteriores, los Ministros; son también las entidades locales que, a través de una cooperación descentralizada, forman parte también de la presencia de Francia. Y también las regiones de Ultramar que piden participar y en quienes es preciso tener confianza para que estén presentes en las cooperaciones que puedan existir a escala de algunos continentes. Deseo entonces que el Ministerio de Asuntos Exteriores apoye estos movimientos, estas iniciativas y estos esfuerzos.

La red diplomática está al servicio de las comunidades francesas en el extranjero; la misión de la Ministra Hélène Conway consiste en apoyar a los Franceses del extranjero, promoverlos, protegerlos, en relación con los parlamentarios, senadores, diputados que los representan. Haré todo lo que esté a mi alcance, en todos y cada uno de mis viajes, y ya lo hice, para ir al encuentro de nuestros compatriotas, escucharlos, alentarlos; ellos también participan en la diplomacia económica, en la defensa de nuestras empresas, en la promoción de nuestros productos y también de nuestra lengua.

Laurent Fabius les presentará un plan de acción para lo que hemos llamado la diplomacia económica, que moviliza a todo el Gobierno, y los movilizará también a ustedes. Lo que está en juego, es la reactivación, es decir, la capacidad de ser más competitivos, conquistar mercados y debemos todos participar en ello: las empresas – son por supuesto, ellas, las que están directamente involucradas – pero tenemos que promover las ventajas tradicionales de la industria francesa: el Ministro de Reactivación está al pendiente de ello. Y también las nuevas energías, el agua, también lo nuclear civil cuando los países lo solicitan y cuando disponemos de la capacidad técnica, o el desmantelamiento ya que el desmantelamiento va a ser también un reto industrial para los próximos años. Así que lo que se les pide hacer, es por supuesto el trabajo que ya empezaron pero que debemos hacer más coherente. La reactivación se encuentra en todas partes, no solamente en Francia: es producir en Francia, es producir a veces en el extranjero para que tengamos repercusiones en nuestro país en términos de empleos o en términos de balanza de pagos. Todos y cada uno lo han comprendido – el Ministro de Comercio Exterior intervino al respecto – tenemos 70 mil millones de déficit en nuestra balanza comercial: si retiramos el petróleo, quedan 35 mil millones. Esto es lo que debemos hacer: conquistar, participar en la búsqueda de nuevos productos, desarrollar innovaciones en todo el extranjero, estar orgullosos de nosotros mismos.

Señoras y Señores Embajadores:

Nuestro deber es trabajar en la reactivación de nuestro país. Esta reactivación implica la acción que llevamos a cabo en todas partes.

Lo haremos fortaleciendo nuestra influencia. Lo haremos siendo fieles a los principios, a los valores que fundan nuestra República. Lo haremos con nuestra independencia y también con nuestras alianzas. Lo haremos con Europa, lo haremos con los franceses que quieren participar en este esfuerzo.

Lo haremos a sabiendas de que una acción lúcida, determinada y coherente puede cambiar el curso del porvenir, en todo caso es nuestra esperanza.

¡Viva la República y viva Francia!

(Fuente: sitio Internet de la Presidencia de la República)

publicado el 26/07/2016

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